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miércoles, 6 de mayo de 2009

Antares... Cuarto Capítulo


Antares


Cuarto Capítulo


El aroma mezclado de los jazmines y geranios que estaban ubicados tan delicadamente en el perfecto jardín de la entrada de aquel bello restaurant, fue la mejor bienvenida que pudieran darle a cuatro personas en busca de un momento de grata convivencia. El lugar era elegante, con amplios salones y muy bien atendido por el servicio de capitán y meseros, quienes con prontitud y destreza sirvieron a los comensales, ofreciendo su carta de vinos y entremeses, que entre la amistosa conversación, tuvieron la oportunidad de degustar las delicias de la alta cocina que ofrecía.

Recordaron la bella Madrid, la cual hacía meses Don Fernando había recorrido, no sólo España, sino gran parte de los países europeos, en ese viaje que de varios meses realizara después de la sentida y repentina muerte de Doña Leticia, su amada esposa, buscando salir de la grave depresión que le causara su súbito deceso. Encontró un poco de paz y sosiego, a la vez que se dio la oportunidad de convivir un poco más con su única hija, Cynthia, quien estudiara una Licenciatura en Administración Hotelera en España, lugar que le gustó para quedarse; venía poco a México, por lo que mantenía poco contacto con su padre. Fue en la universidad que conoció a Marga, hija de Don Ricardo Belmonte e hiciera amistad con su familia.

La Familia Belmonte tenía un cariño especial por Cynthia, mujer hermosa, joven e inteligente, quien dirigía un Hostal en el centro de Madrid. Pero el ser hija única y haber sido criada con toda la condescendencia y consentimientos excesivos que le daban sus padres, quienes la adoraban, fueron moldeando en ella un carácter arrogante y caprichoso. Vivía Cynthia una vida llena de libertad y sin compromisos, disfrutaba al máximo su profesión y dedicaba mucho tiempo a sus amistades en la mejor zona de Madrid.

Pasaron rápidamente las horas entre la grata conversación y el excelente vino que estuvieron degustando los cuatro peregrinos. Estuvo Anita encantada escuchando hablar de España, la cual no conocía, lo consideraba un país mágico, de un encanto especial, pero durante la comida, estuvo un poco distraída y sacándole de sus pensamientos le dijo Enrique –Anita, tienes que ir pronto a Madrid, estoy seguro que te va a gustar, sería un placer ser tu anfitrión y guía.- tomándola por sorpresa, - Estaría encantada Enrique, gracias, tal vez, algún día- le contestó sonriendo pero todavía pensativa.

Aún y cuando estaba Anita disfrutando de la compañía, no dejaba de pensar en su amigo Francisco, necesitaba saber porqué había tomado la decisión de dejar su puesto en la compañía, sabía, intuía que algo no estaba bien, tenía que llamarle. Aprovechó una pausa y pidió permiso de alejarse para hacer una llamada, salió a los jardines del restaurant y le llamó a su amigo, -Si, ¿Francisco?, ¿Cómo estás? Soy Anita, necesito hablar contigo, ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado contigo? Me enteré de la decisión que tomaste al dejar la dirección del departamento en la compañía… ¿Pasa algo que no me hayas dicho? ¿Tiene que ver con Gabriela y tus hijos?, sabes Francisco que siempre has contado conmigo, te vengo notando extraño en las últimas semanas… dime si puedo ayudarte en algo…- la voz de Anita enmarcaba una sincera preocupación, -Anita, sabía que llamarías, y se perfectamente que cuento contigo, como siempre lo he hecho, sí estoy derrumbado con lo que pasó con Gabriela, el que no me permite ver a mis hijos, pero ese no es el problema que me hiciera tomar esta decisión, tienes razón Anita, nunca te equivocas, es algo más serio, pero no quiero preocuparte con mis problemas, bastante has hecho, necesito salir del país y arreglar otro tipo de problemas, lo único que te pido es que confíes en mi y que estés pendiente de mis hijos, estaré en contacto contigo, yo me comunico, no me busques, es mejor que nadie sepa de mi paradero. Me dijo mi tío que te había asignado la dirección del departamento, eso me deja tranquilo, estoy consciente de que fuiste tú quien lo estuvo dirigiendo desde hace tiempo, gracias por tu apoyo.- contestó Francisco con una voz agitada y nerviosa – Francisco, dime qué pasa, dime que todo está bien, ¿Puedo verte en persona para platicar?- le interrogó Anita, sintiendo en su corazón una impaciencia al escucharlo. – No, Anita, así es mejor, de hecho ya voy camino al aeropuerto, ya no hay tiempo, pero quédate tranquila que yo me comunico contigo en unos días, cuídate por favor y cuida a mis hijos-, le dijo Francisco con una voz turbada y melancólica. –Cuídate Francisco, no te preocupes que estaré pendiente de tus hijos, pero prométeme que pronto te pondrás en contacto conmigo… te mando un beso y mis bendiciones- contestó tristemente Anita, sintiéndose impotente al no poder ayudar a su amigo, - Así lo haré Anita, hasta pronto.- súbitamente se escuchó un zumbido en el auricular del teléfono como señal de que Francisco había colgado.

Se quedó Anita en el jardín un momento, pensativa, distraída y preocupada por su amigo. Desde la mesa estaba Enrique observándola, y decidió ir con ella -¿Está todo bien Anita? Te noto preocupada… avísame si puedo ayudarte en algo, por favor…- se ofreció amablemente a la vez que levantaba la cabeza de Anita con su mano de una manera muy tierna, mirándola fijamente a los ojos, esos ojos tan expresivos, los cuales eran completamente transparentes a los sentimientos, esa era una de sus debilidades, no sabía disimular, su mirada la delataba. –Estoy bien Enrique, gracias, es sólo que recibí una mala noticia de un amigo, pero estoy pidiendo para que todo esté bien pronto, vamos a la mesa, disculpa que me haya ausentado tanto tiempo, pero tenía que hacer esta llamada, era importante.- contestó Anita, -Si gustas, podemos caminar un poco por el jardín, ó sugiero que dejemos a los señores descansar, demos por concluida esta amena velada, recuerda que tienes todavía pendiente ser mi guía turística, a menos que te sientas cansada y quieras ir temprano a tu casa…- cuestionó tiernamente Enrique,-Claro que me gustaría llevarte a conocer la ciudad Enrique, y me caería muy bien caminar, regresemos a la mesa, tal vez los señores ya se quieren ir, tienes razón, se que el viaje ha sido cansado.- le dijo Anita, y entraron los dos al restaurant dirigiéndose a la mesa, y sugirió entonces Enrique seguir con la reunión por la mañana en la Finca Antares...

domingo, 26 de abril de 2009

ANTARES... Tercer Capítulo


"ANTARES"
Mi Primer Novela



Tercer Capítulo

Se escuchan unos fuertes pasos detrás de la puerta de entrada y por el colorido vitral se asoma una figura masculina, advierte Inés que alguien va directo a la recepción, entra un joven alto y delgado, quien dibujando una sonrisa saluda con mucho entusiasmo y alegría a la joven. –Buenos días, “china cochina cara de gallina”, ¿Como amaneció tu día, Inesilla del alma mía?”-, a lo que sonriendo la joven contesta, -Muy bien, “Martinillo cara de membrillo”, ¿Que me has traído esta mañana? Ó perdón, quiero decir, ¿Qué te trajo aquí esta mañana?-, contestó con una sonrisa pícara, -¡Ah! Sabía que me preguntarías, adivina que tengo en mis manos…- le contestó escondiendo sus manos en la espalda, -Un carro último modelo, el que te dije que quiero!- contestó rápidamente, a la vez que intentaba mirar por detrás del joven. –“Caliente, caliente”, algo parecido, porque sé que te gusta mucho, pero con la diferencia que éste si te lo puedes comer…- le dijo Martin Valdéz con su típica sonrisa. –Sí… me comería un carro, porque tengo mucha hambre, es la hora del cafecito con Anita, pero ella está tomándolo con otras personas, dime que es, te lo suplico-, insistió desesperada Inés, -Te lo doy, si me prometes que le darás un mordisco diario, luego no quiero que me acuses de que sólo vengo a engordarte y me eches en cara los kilos que tienes encima-, le dijo bromeando, -¡Dámelo ya!, no juegues conmigo cuando tengo tanta hambre, ya sabes que me pongo de mal humor, cuando no estoy comiéndome aunque sea una galleta-, insistió Inés, -Está bien, pero que conste-, le dijo Martín poniendo en su escritorio una barra grande de chocolate. -¿Dices que está ocupada Anita?, necesito hablar con ella- preguntó el joven mirando hacia la puerta que daba a la sala de juntas, - Así es, Martinillo, y parece ser que estará ocupada todo el día, me pidió Don Fernando que no los molestara, están en una junta muy importante, dime si te puedo ayudar en algo ó déjale algún mensaje, cuando salga se lo entrego, con mucho gusto…- le contestó la hábil y eficiente Inés, a la vez que se preparaba para escribir el mensaje, -Gracias Inesilla, pero mejor hablo con ella cuando se desocupe, dile que vine a buscarla, por favor, ¡Ah! Le entregas también esta barra a Anita, es su favorita- le dijo a la vez que le cerraba un ojo y emprendía camino hacia su oficina, no sin antes aventarle un beso que había atrapado en su mano.

No era la primera vez que Don Fernando sorprendía a Anita de esa manera, pero ella estaba consciente de que ese puesto hacía tiempo le esperaba, tenía tiempo cumpliendo cabalmente con las obligaciones de ese departamento, en el que hacía días lo dirigía un sobrino del director, el joven Lic. Francisco Serna, quien era bueno en lo que hacía, pero últimamente había descuidado sus funciones, ella siempre lo estuvo apoyando, estaba segura que él tenía algún problema, pero nunca consiguió que él le confiara, cuando por mucho tiempo habían sido buenos amigos, Francisco sabía que en ella podía confiar, pero algo extraño le pasaba, algo que ella no entendía, no estaba segura, pero su intuición le decía que eran problemas serios. Eso a ella le preocupaba, y más ahora que Don Fernando le estaba ofreciendo su puesto, decidió que lo mejor era platicar con Don Fernando una vez terminada la reunión, no podía poner en evidencia los problemas internos, necesitaba saber, exactamente qué había sucedido con Francisco, su amigo.

Llamó Don Fernando a Inés para que les ofreciera café a los invitados, una vez que todos estaban servidos, entregó Anita una carpeta con la información financiera a cada uno y otra con el proyecto que presentaría Don Fernando a los caballeros. Empezó la junta presentándoles brevemente el manual de organización de la empresa, donde pasó un video en donde por medio de fotografías mostró el historial del Consorcio Antares. Un documental hecho por especialistas de una compañía líder en creatividad y diseño, contratados ex profeso para diseñar la imagen de la que ahora sería Consorcio Antares. En éste documental, se mostraban fotografías de la Finca Antares, y de los 800 acres de viñedos, donde empezó todo éste gran emporio empresarial que crearía el papá de Don Fernando, Don Francisco Vega, un reconocido vinicultor de origen Vasco hacía ya 45 años, pero quien no lograría traspasar fronteras, como lo hiciera su hijo una vez que tomara la dirección y control de la empresa, logrando exportar su producto a otros países. Era la cartera de vinos de mesa y brandis del Consorcio Antares de la más exquisita calidad.

El negocio había ido bien, durante los últimos 15 años, pero en el último, dada la inminente crisis financiera mundial, tendrían que buscar otros mercados, el vender acciones a inversionistas extranjeros, como era, en éste caso Grupo Escarlata. Empezó Don Fernando explicando el lugar tan importante que mantiene México como productor de uva en el mercado internacional, -México es el quinto exportador a nivel mundial de uva de mesa y cuenta con los más altos estándares de calidad, inocuidad y sanidad que demanda el mercado, en el país se producen más de 650 mil toneladas en sus tres diferentes tipos de uva, como son, la uva de mesa, uva pasa y la uva industrial, ésta última es la requerida por la industria vitivinícola para elaborar el brandy. En el Estado de Sonora se produce el 70% del producto nacional- comentó con una gran seguridad Don Fernando mientras pasaban las gráficas de sus viñedos, sabía perfectamente de lo que estaba hablando, su voz era fuerte, clara y enmarcaba sus palabras con un gran entusiasmo. Estaban los caballeros españoles absortos con la explicación de Don Fernando, Anita aprovechó una pausa y entregó a cada uno los estados financieros de la empresa, para explicarlos después, lo cual hizo de una manera clara y concisa, demostrando una vez más su gran capacidad en los negocios.

Estuvieron pues, toda la mañana y parte de la tarde presentando ante los accionistas al Consorcio Antares, y analizando los estados financieros, explicando las condiciones en las que se encontraba ahora Consorcio Antares, pero también explicando las fortalezas y oportunidades con las que contaban.

Decidieron hacer una pausa para ir a comer, estaba lista la reservación en uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, acordando que continuarían con la reunión al siguiente día en la mañana, después de visitar los viñedos, los cuales quedaban a unos kilómetros de la ciudad.

Antes de salir, todavía en la oficina, intercambiaron impresiones de la junta Don Fernando y Anita, a lo que ella comentó, -Don Fernando, pude ver un interés genuino en los caballeros, tenga fe, todo está saliendo muy bien, ahora relájese y disfrute su compañía, prométame que ya no hablaremos de negocios, mañana será otro día…- Se dirigieron los cuatro ejecutivos a un restaurant de cocina internacional, prometiéndose no tratar nada relacionado al asunto, sino hasta el siguiente día...

Durante el trayecto, Enrique aprovechó para platicar más de cerca con Anita, la hizo que le prometiera que esa noche lo llevaría a conocer la ciudad, lo que ella, muy en el fondo, estaba esperando...

jueves, 23 de abril de 2009

Antares... Segundo Capítulo


"ANTARES"
Mi Primer Novela


Segundo Capítulo.


Era Anita Montero una mujer muy preparada profesionalmente, contaba con una Licenciatura en Comercio Exterior y una Maestría en Administración y Mercadotecnia Internacional. Siempre la administración había llamado mucho su atención, era una mujer muy organizada, quien además, entre sus virtudes, contaba con una facilidad para comunicarse con otras personas. Siempre con un trato afable, respetuoso y sobre todo muy amigable. Era fácil para los demás tomarle cariño, siempre mostraba una solidaridad honesta con sus compañeros, siempre dispuesta a ayudar a quien lo requiriera, todos sabían que podían contar con ella. En los demás departamentos, había, por supuesto otras personas, quienes la tenían en un lugar muy importante dentro de las filas del Consorcio Antares. Era un secreto a voces, que era ella quien, además de asistir a Don Fernando, le aportaba también muy buenas ideas. No hacía nada Don Fernando sin antes consultarle, sabía que ella veía por el bien de la empresa, pero también por el porvenir de sus compañeros. Hubo momentos, durante esos diez años, en que Anita tuvo que tomar decisiones, no sólo de carácter financiero, sino también en cuanto a poner orden en la compañía. Nunca faltan las personas que, abusando de sus puestos, tratan a sus compañeros con poco respeto, y sobre todo con prepotencia. Eso a ella nunca le gustó, “Respeto ante todo” ese era su dicho, y fue siempre secundada por el que fuera su jefe y su mejor amigo.

En alguna ocasión, dadas las constantes quejas, tuvo que hacer gala del poder que le había concedido Don Fernando, y despidió a un gerente operativo, aquel era Andrés Cifuentes, un mal compañero, quien lejos de procurar un ambiente agradable en su departamento, terminó por crear enemistades entre sus subordinados. Fue rápida la decisión que tomó Anita, Andrés tenía poco tiempo en el puesto, al que llegó gracias a su impecable currículum, en donde enmarcaba una gran experiencia profesional, pero una vez en él, no logró nada sobresaliente. En éste puesto, tenía además, entre otras obligaciones, el procurar una eficiente entrega del producto mediante la flotilla de camiones que salían cada mañana. Pero, bajo las constantes amenazas y malos tratos que recibían de su jefe, el entonces gerente de operaciones, el trabajo de éste departamento, clave para la compañía, empezó a mermar, hubo algunos choferes que desertaron de sus puestos. Algo tenía que hacer Anita, para evitar que eso continuara. Y tomó la decisión de despedirlo.

Aquel fino traje sastre de color negro, el cual enmarcaba su delgada y bien torneada figura, le daba un aire profesional y sobrio, el cual le sumaba un aire de profunda seguridad, efecto que le venía muy bien a Anita. Vestida siempre con una pulcritud y femineidad que la caracterizaba, de un gran porte y refinado gusto. Mujer sencilla, pero elegante, de finos modales, mente ágil, abierta a los cambios y oportunidades… todo eso proyectaba, ella lo sabía, lo sentía y eso le daba confianza en sí misma.

Parados frente al inmenso e impecable ventanal de cristal que daba hacia los jardines del edificio principal de las oficinas, estaban dos apuestos hombres, quienes vestían trajes oscuros, el mayor vestido con una exquisita corbata de seda con colores conservadores y el más joven, combinado con colores más vanguardistas, los que enfatizaban sus hermosos ojos verdes. Conversaban entre ellos con un acento madrileño, que los hacía ver más interesantes.

Salió Anita a la recepción a recibir a los accionistas del Grupo Escarlata, los más importantes directivos de una prestigiosa empresa vitivinícola de Madrid, España. Don Ricardo Belmonte, Presidente del Consejo Directivo y su hijo el Lic. Enrique Belmonte.

Don Fernando conoció a los Belmonte hacía meses, en su último viaje a España en donde residía su hija Cynthia Vega, quien era la caprichosa y consentida hija única, heredera del capital y fortuna de Don Fernando.

-Buenos días, Señores, espero no hayan esperado demasiado tiempo- les dijo Anita con una sonrisa, -soy Anita Montero, asistente de Don Fernando Vega, sean bienvenidos a México y al Consorcio Antares, hagan el favor de acompañarme, Don Fernando los está esperando- Buenos días Srita. Montero, es un placer por fin conocerle, Fernando nos contó maravillas de usted y veo que se quedó corto al describirla, es usted una mujer muy hermosa, ¿Verdad hijo?- le contestó Don Ricardo, a la vez que le daba la palabra a su hijo, -Tienes toda la razón padre, es una mujer hermosa. Espero que no le molesten los cumplidos, mi padre es muy amante de hacerlos, pero en ésta ocasión son muy merecidos.- contestó Enrique cerrando su ojo derecho a modo de guiño a Anita, en son de complicidad y broma. A lo que en respuesta Anita sólo sonrió tímidamente, esos ojos verdes, de pronto la habían turbado, y no entendía por qué, supuso que era posiblemente los nervios que la acompañaban esa mañana. –Gracias, Señores, síganme por favor, Don Fernando los espera en su oficina-.

Atravesaron la doble puerta en madera de roble que conducía a la oficina de Don Fernando, y estaba aquel maduro pero elegante ejecutivo esperándoles, en cuanto los vio les dijo –Ricardo, Enrique, adelante hombres, adelante, bienvenidos a estas cálidas y amigables tierras, pónganse cómodos, ¿Como estuvo el viaje? ¿Cómo está Catalina?, gracias nuevamente por su amable hospitalidad en Madrid, bella, espléndida ciudad, la cual ha acogido a mi hija y me la regresa más bella y relajada cuando viene de allá. Gracias a todos por su gentileza conmigo pero sobre todo con ella-, les dijo Don Fernando mientras abrazaba cálidamente a Don Ricardo. –Al contrario Fernando, fue un honor recibirte en casa, y gracias por tu hospitalidad también, vaya chofer que me mandaste, es muy amable, venía contándome de la ciudad durante el recorrido- le confió Ricardo, con una franca sonrisa. –Veo que ya conocieron a Anita, es mi brazo derecho en la compañía, es una verdadera joya. Pasemos a la sala de juntas para ponernos más cómodos, allá tenemos café y otras delicias que Anita hizo traer exclusivamente para ustedes, como siempre esmerándose en los detalles.- Comentó Don Fernando, a la vez que los invitaba a pasar a su elegante e imponente salón, todo revestido con madera de cedro, el cual despedía un agradable aroma a finas maderas, y ese aromático café colombiano, invitaba a disfrutarlo junto a aquella fuente de canapés que Anita había acomodado tan creativa y delicadamente a un lado de la habitación.

Entraron los cuatro ejecutivos al gran salón de juntas, -Tomen asiento por favor-, sugirió Don Fernando, tomando lugar en el extremo principal de la larga mesa, -Anita nos va a acompañar, ¿Les comenté que es la nueva Directora Administrativa de Comercialización?-, dijo don Fernando haciendo un énfasis especial en las palabras, claro que buscando la mirada de Anita, quien le miró sorprendida, -Creo que no lo habías comentado Fernando, enhorabuena Anita, estamos seguros que será un placer trabajar directamente contigo-, contestó Enrique, buscando la mirada de Anita, quien todavía estaba gratamente sorprendida…

lunes, 20 de abril de 2009

Antares


Antares

Autora: Ruth L. Acosta

Primer Capítulo

En el reloj colgado en la pared principal de la recepción de la siempre callada oficina, marcaban las 9:45 de esa tibia mañana, de pronto se escuchan los intermitentes taconeos de las dos diestras asistentes que al ir y venir de la cafetería a la sala de juntas, iban dejando a su paso, las cuales preparaban todo lo necesario para las visitas que el director general de la empresa, Don Fernando Vega, recibiría de los altos ejecutivos de una importante firma, a las 10 de la mañana en punto. Estaba todo casi listo, el aromático café, el elegante juego de té de porcelana, el cual usaban con visitas especiales, la cristalería finamente acomodada, las exquisitas galletas y diferentes aperitivos que parecía que tenían dos razones esa mañana, agradar el paladar de los visitantes, así como recrear la vista con tan delicados y finos canapés… Estaban también colocados con toda prontitud y destreza, todos los implementos, manuscritos y materiales que pudieran necesitar para la presentación, el cañón conectado al ordenador, las diapositivas ya revisadas, el sistema de videoconferencias ya instalado, por si requerían hacer alguna llamada, en fin, todo debidamente puesto, preparado y sobre todo atentas a cualquier contingencia que pudiera presentarse.

Anita era la seria, la reservada, la que tenía ya años como asistente general de Don Fernando, Inés la alegre novata, quien siempre tenía un chiste por contar, era quien alegraba esos días de voraz rutina en el departamento de la dirección general, donde ambas estaban siempre atareadas entre sus múltiples ocupaciones que el puesto les heredaba… Anita reconoció rápidamente el esfuerzo y la ayuda que Inés le daba, quien se había convertido en la perfecta compañera, quien además había roto de pronto la soledad que a veces imperaba, más en un lunes del mes de febrero, a las 10 de la mañana. Las dos formaban un perfecto equilibrio entre madurez, trabajo y compañerismo. Anita hizo las últimas llamadas de la mañana para asegurarse que todo estuviera en perfecto orden. Sabía que Don Fernando pudiera necesitar de su presencia una vez que llegaran sus visitas, tenía que estar pendiente de que todo marchara según lo planeado. Anita se sentía un poco intranquila, sabía que de esa reunión dependían muchas cosas importantes en la empresa, nada podía salir mal. Confiaba en que la propuesta de Don Fernando era interesante para los accionistas de la otra importante firma, estaba segura que los convencería y que su propuesta sería la más provechosa en términos financieros. No podía evitar Anita sentirse tan abrumada, ya que sabía que de esa visita dependían tantos empleos, de cientos de compañeros que le tenían a Don Fernando y a Anita un cariño especial… sabía que confiaban en ellos, las decisiones financieras tomadas con anterioridad por Don Fernando, siempre eran tan determinantes para lograr el desarrollo financiero de Consorcio Antares, que ahora no podía ser de otro modo.

Llegó Don Fernando arreglándose todavía la corbata, Anita lo vio entrar y le pidió el portafolio, lo dejó en su oficina. Don Fernando entró a la sala de juntas y observó con beneplácito que todo estaba en perfecto orden, llamó a Anita y le dijo –Gracias, se que todo está listo, no necesito preguntar, gracias por tu ayuda y todo el apoyo que me has dado en estos 10 años, sin ti, otra cosa hubiera sido, suceda lo que suceda hoy, no tienes de que preocuparte, tu futuro está asegurado con un fideicomiso que he creado para ti, eres gran parte del éxito de esta compañía y eso no lo puedo dejar de reconocer, sería muy injusto- a lo que Anita le respondió –Don Fernando, agradezco sus palabras y no se preocupe, la propuesta que tiene para el Grupo Escarlata es muy prometedora, entre ahí, en esa sala de juntas sintiéndose vencedor, como lo ha hecho siempre, sé que las condiciones son difíciles y muy diferentes a los años anteriores, pero Dios es tan grande y sabe de la necesidad de un buen contrato de negocio, el cual evite el despido de tantos empleados, que más que empleados, son como nuestra familia. Confío en su capacidad de hacer un buen negocio, ellos también confían, que le han llamado varios para desearle un buen día. ¡Ánimo! Don Fernando, le prometo que todo va a salir bien-. Interrumpió Inés con sus -¡Buenos Días, Don Fernando! Tiene una llamada del Lic. Mario Peña en la línea tres-. Salió Anita de la oficina dejando a Don Fernando tomar la llamada, con el corazón latiendo a mil por hora, no podía negarlo, estaba un poco preocupada, pero trataba de ocultar sus ansias procurando una sonrisa bien dibujada en su rostro.

-Anita- le dice Inés, interrumpiendo una oración interna en la que estaba, en donde ponía en las manos de Dios la junta de esa mañana, -Llegaron los Señores…- le dijo un tanto nerviosa-Gracias Inés, ahora los recibo, ¡Sonríe que todo va a estar bien!, avísale a Don Fernando-.

Así salió Anita al encuentro de tan distinguidos señores, los cuales venían del extranjero expresamente a hacer negocios con el prestigioso Consorcio Antares...