martes, 10 de marzo de 2009

Emiliana de Zubeldía






Emiliana de Zubeldía...

Corría el año de 1982, siendo yo muy niña, cuando mi madre, tal vez con la idea de mantenernos un poco ocupadas a mis hermanas y a mí, nos preguntó a quien de nosotras nos gustaría estudiar música, piano, para ser más exacta.

No puedo evitar referenciar que mi abuela materna, solía tocarlo, no era una pianista consagrada, pero no lo hacía nada mal, hacía sus intentos. La recuerdo tocando himnos cristianos en el órgano que le regaló mi tío Rigoberto, y lo tuvo un tiempo en su sala de estar. Muchas veces me sentaba con ella y la escuchaba tocar. Cuando se enteró que empezaría con las clases de piano, le dio un gusto enorme, y me motivaba a que siguiera.

Recuerdo que una tarde, me llevó mi mamá a la Escuela de Música, ya que fui la primera en aceptar la hermosa oferta, estuve una tarde con mi maestra Emiliana de Zubeldía, quien me hizo una prueba, antes de aceptarme como su alumna. Se sentó al piano, y primero empezó a tamborilear con sus dedos en la cubierta del mismo, tocando una melodía, me pidió que la siguiera, lo hice, claro, conteniendo un poco la risa, y fueron como tres diferentes melodías las que me hizo “tocar”. Después tocó unos acordes en su piano, y me los hizo cantar. Y me dijo – Tienes oído para la música, pero no voz para cantar, las clases empiezan el lunes, quiero que estés aquí a las siete de la tarde en punto-. Empecé a ir a clases junto con dos de mis hermanas, a la Escuela de Música del Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Sonora, pero pasados unos días, mis hermanas dejaron de asistir. Continué yendo a clases de Solfeo los lunes en la tarde, a Historia de la Música los viernes y el siguiente año, empecé mis tan ansiadas clases de piano, los miércoles. Y así lo hice durante los siguientes cinco años.

En ese entonces, no comprendía la magnitud de la persona que tenía enfrente, no sabía que la experiencia que iba a adquirir iba a ser tan grata.

Emiliana de Zubeldía… Que nombre tan grande… digno de su persona. Dedicó 40 años de servicio entregada a transmitir la música y el arte en Sonora, vino a nuestra tierra desde España, su país natal, invitada por el Rector Manuel Quiroz para prestar los servicios por un año, para que integrara el Coro Universitario, el cual formó y existe hasta nuestros días, y se enamoró tanto de esta tierra que aqui permaneció hasta sus últimos días...

Hoy el teatro principal de la Universidad lleva su nombre, honor que le hicieron en vida, así como una gran plaza, en la cual podemos contemplar una pequeña estatua que tiene su figura, la cual fue puesta como uno de los tantos reconocimientos que aún sigue recibiendo.

El Coro Universitario encabezado por su directora, promovió una serie de relevantes eventos: diversos conciertos operísticos, de piano y espectáculos internacionales. En la sincronía de la misma época cobraron ímpetu las giras tanto nacionales como internacionales de las pianistas de Emiliana y del Coro Universitario. De esta manera éste fue escalando su clímax expresivo y expansivo, al tiempo que maduraban los pianistas y pululaban los cantantes.

Es tan vago lo que yo puedo explicar, no porque mi sentir sea difuso, sino porque era yo una niña, cuando me tocó compartir con ella. La recuerdo enérgica, exigente, demandante y cariñosa.

En aquel tiempo, le gustaba organizar Concursos de Piano, para los que estábamos en los primeros grados, recuerdo que en el único concurso que me tocó competir, quedaría en primer lugar. Fue mi máximo orgullo, obtener su sonrisa de satisfacción y recibir aquel diploma en donde lo firmaba dándome su aprobación. Fue en ese tiempo un gran reto para mí. Superado gloriosamente, gracias a Dios. Claro que no me comparo a algunos de mis virtuosos compañeros, quienes continuaron con su gusto por la música y hoy son unos destacados músicos a nivel nacional. Simplemente, me di el gusto de aprender algo que me gustaba y en ese momento, llenaba mis sentidos.

Me siento realmente privilegiada, de haber formado parte de los cientos de alumnos que tuvimos el honor de serlo. Son tantos los recuerdos que vienen a mi mente, de aquellos años hermosos en los que conviví con ella y con tantos compañeros… inigualables momentos. Emiliana de Zubeldía… estarás siempre en mis recuerdos.
Links que hacen referencia a mi querida Maestra Emiliana de Zubeldía...

http://www.emilianadezubeldia.uson.mx/biografia.htm

http://www.her.itesm.mx/academia/profesional/humanidades/musica/Emilianadezubeldia.html


Escrito en Memoria de la Mtra. Emiliana de Zubeldía, con todo cariño y respeto por Ruth L. Acosta.

11 comentarios:

De Angel a Hombre dijo...

Hay personas que pasan por tu vida y que son para siempre, tal como lo fue aquella maestra, que fue tu amiga, tu madre y tu hermana en cristo.
Grande seras siempre al conservar tan bellos recuerdos.
Un saludo afectuoso desde Chile.

Ruth L. Acosta dijo...

Hola Ángel/Hombre...Que gusto tenerte en casa,

Así es, siempre estará en mi recuerdo, aunque sólo fué mi maestra, una maestra muy querida...

Un saludo con mucho cariño hasta Chile...

Ana Gabriela dijo...

Hola gracias por pasar por mi blog , muy bello el tuyo lleno de emociones de vivencias , prometo volver.
Un abrazo enorme desde Argentina

Luzjuria dijo...

Ruth, las grandes maestras que nos formaron en la infancia, quedan siempre en nuestros recuerdos, en tu caso la recordaras, sin querer, cuando escuches alguna melodía que ella te enseño, al ver otras maestras enseñando a otros alumnos. Atesorar estos recuerdos y vivirlos cada vez como si fuera la primera vez.

Un abrazo

Ruth L. Acosta dijo...

Hola Ana Gabriela...

Al contario, gracias a ti, bienvenida a mi casa, mi espacio...

Te estaré esperando con mucho cariño,

Saludos hasta Argentina...

Ruth L. Acosta dijo...

Así es Luz María... los maestros dejan mucho en nosotros, sobre todo en nuestra alma... dejan un pedacito de ellos...

Gracias por pasar a visitarme, te mando un beso con mucho cariño hasta Santiago, Chile desde mi querido México...

Suricato dijo...

Sin lugar a dudas es cierto, hay personas que te marcan en la vida, al leer tu homenaje no pude evitar pensar en mi maestro de taekwondo y relacionarlo en tanto las lecciones que te dan no son para un día sino para la siempre

Pero dice el refrán que las personas sólo mueren cuando se olvidan y creo que mientras exista en nosotros la gratitud hacia ellos seguirán viviendo y siempre presentes...porque la semilla sembrada germina y a la postre será un árbol que da sombra a los demás

abrazos y saludos

Ruth L. Acosta dijo...

Así es, mi querido Suricato...

Ella estará siempre en mis recuerdos, y sus enseñanzas quedaron impregnadas a mis conocimientos...

Besos,

Armida Leticia dijo...

Un bello homenaje para alguien que te dió tanto. La llevarás siempre en tu corazón.

Saludos.

Ruth L. Acosta dijo...

Hola Armida,

Así es...

Besos,

Alicia Abatilli dijo...

Benditas ambas por encontrarse y ENTREGARSE.
Alicia